Astrid Rivera: La vida de una inmigrante está llena de sacrificios

Para Astrid Rivera, nacida y criada en Puerto Rico, pero formada profesionalmente en los Estados Unidos, su apasionante trabajo como periodista de Univisión, no la define del todo. Pero sí sus tres hijos y su esposo, un tesoro llamado familia. “Si ellos están bien, yo estoy bien”.

Esta joven boricua desde muy niña supo a qué dedicaría su vida. Y como los sueños se alcanzan con enfoque y determinación, decidió pertenecer a las Fuerzas Armadas de EEUU por el beneficio de que pagarían su carrera universitaria.

Era militar en formación de día y estudiaba de noche. Pero el tiempo pasó, se graduó y comenzó una etapa que aún no acaba.

No se pierdan esta historia que me encantó y conmovió. Sin duda, una hispana que es verdadera inspiración.

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¿Por qué sentiste que los Estados Unidos era el país donde estaban tus  oportunidades?

Yo nací y crecí en Puerto Rico, y aunque yo estaba allá con una cultura bastante americanizada, sentía que la oportunidad grande estaba en este país. Mis padres me criaron en un lugar casi en el campo, muy pequeñito; pero siempre quise ser periodista y para aquel entonces había unos dos o tres canales de TV. Y no era que no podía alcanzar mis sueños allá, pero mis aspiraciones eran de internacionalizarme y ser una representante valiosa de mi país aquí.

A los 19 años quise salir de mi país, mi papá era político y fue preso así que no podría pagarme los estudios y yo decidí buscar la manera de pagármelos. La oportunidad que vi fue incorporarme a las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos y quedé en Carolina del Norte donde estudiaba de noche. Ellos pagaban mis estudios y fue como pude completar la universidad.

Luego tuve una experiencia de internado en Telemundo Nueva York y viví una grata experiencia porque confirmé que no me había equivocado al escoger esta profesión. Era mi vocación desde los 7 años, niñez que viví entrevistando a todo el que se cruzaba por mi camino y practicando con un cepillo de peinarse frente al espejo.

¿Qué retos debiste vencer para superarte en los Estados Unidos?

Siendo muy joven, a los 22 años, ya era mamá. Y estar aquí con ganas de cumplir mis sueños me presentaba la disyuntiva con las prioridades. Mi hijo nunca fue una piedra de tranca sino una gran motivación. Sin duda fue mi desafío, pero también lo fue mantenerme enfocada en mis objetivos.

Es difícil criar hijos en esta sociedad, hay que moldear su personalidad y es importante cuidarles la esencia. Y ciertamente yo trabajo en Univisión, pero eso no me define completamente. Lo que sí me definen son mis hijos, a quienes les dedico tiempo porque si ellos están bien, yo voy a estar bien.

¿Qué valores conservas del ARMY donde predominan la disciplina y el patriotismo?

Hay algo que aprendí que sigo practicando y es la compasión. Tal vez no fue en las Fuerzas Armadas, pero sí de mi familia. Hoy en día es necesario ponernos en los zapatos de la otra persona para entender lo que padece; luego de ello viene la gratitud.

Una persona sin compasión no podría entender lo que pasó con el huracán María en Puerto Rico en el 2017, o la crisis humanitaria que vive Venezuela o los problemas de estas fronteras. El pecado más grave de un ser humano es la indiferencia.

¿Qué otras cosas estarías dispuesta a hacer para alcanzar tus objetivos?

Algo que empecé este año fue dejar un poco de usar las redes sociales y los grupos de WhatsApp, a fin de emplear ese tiempo en actividades que me ayuden a alcanzar mis sueños. Así puedo estructurar mejor el tiempo.

Uno de mis sueños es abrir una organización para niñas en proceso de crecimiento que viven en orfanatos, porque me he dado cuenta que como seres humanos nos olvidamos de sus necesidades espirituales y de mentoría. Si les das ropa y comida suplen una necesidad específica, pero queda un vacío porque luego no saben qué hacer; solo ven la estructura que le muestra el orfanato, salen cuando son mayores, quedan embarazadas y al ver que no pueden criar al hijo, lo dejan en un orfanato. Se repite la historia.

Trabajo con un instituto en República Dominicana y veo que las niñas no tienen aspiraciones; creen que deben ser bailarinas u otros oficios porque estudiar es muy caro. Cuando la realidad puede ser otra.

¿Crees que están llenas de sacrificios las mujeres inmigrantes que vienen por un mejor futuro?

Creo que todo en la vida tiene un sacrificio. Las inmigrantes, por ejemplo, dejamos atrás a la familia y eso más que un sacrificio, se convierte en un vacío.

Otros sacrificios son el idioma y el tema migratorio para obtener residencia y ciudadanía. Pero nuestro papel es abrirles camino a esas hispanas que vienen a comenzar una nueva vida.

¿Cómo ha crecido tu vida desde que compartes con artistas, conductores, personal técnico y otras tantas personas en una ciudad multicultural como Miami?

Mi vida es más bonita porque hice nuevos amigos, con quienes me conmuevo, lloramos, nos acompañamos. Pero también ocurren tantas cosas con personas del medio que te hacen reflexionar sobre si era correcto estar en el medio o en esta carrera.

¿Qué aspecto de tu vida podría ser inspirador para otras mujeres latinas en este país?

Lo más bonito es ser persistente. Llegué a Miami y no conocía a nadie, pero sí tenía claro qué quería hacer. Y tal vez por miedo no nos atrevemos a preguntar por un trabajo o alguna oportunidad.

Como anécdota puedo contar que cuando cursé la maestría en periodismo en la Universidad Internacional de la Florida, estaba embarazada de mi tercer hijo. Pero ya tenía dos más grandecitos, así que pregunté a la profesora si los podía llevar a clases y me aprobaron esa solicitud sin problema. Era la única manera de estudiar.

Hay que perder el miedo. Ya el ‘no’ lo tienes, qué puedes perder yendo por el sí.

¿Cuál es el secreto de tu éxito?

Poner a Dios primero. Soy una mujer de fe y creo en la energía divina que en mi caso viene de Dios. Orar me ha funcionado mucho porque cuando pongo todo en manos de Dios, todo se ordena.

¿Qué estrategias usas cuando te sientes cansada, desanimada o desmotivada?

A mí me gusta mucho la música, así que cuando me siento cansada emocional o espiritualmente, uso mis audífonos y escucho artistas cristianos.

También hay que tener un buen soporte familiar, de amigos. Yo confío mucho en mi esposo y saber que primero me va a escuchar sin criticarme, me da tranquilidad.

¿Cómo te ves en cinco años?

En cinco años ya tendré un hijo de 18 años (risas). Me veo en la locura de buscar universidad y contando historias. También con mi organización para niñas bien consolidada.

Para conocerte mejor…

  • Un error que no volverías a cometer

De adolescente le tomé escondida la tarjeta de crédito a mi mamá y compré muchas cosas. Le provoqué dolor a mi madre, eso no lo haría nunca más

  • ¿Qué es lo que más extrañas de Puerto Rico?

A mi familia. Abrir la puerta y a los dos minutos estar en casa de mi abuela. Extraño el olor especial de mi país

  • Una persona clave en tu éxito

Mi esposo.

  • ¿Cuál es tu mantra?

Todo lo puedo en Cristo que me fortalece

No hay nada ni nadie en el mundo que pueda echar abajo tus sueños. Necesitas mantenerte enfocada. Las abrazo desde mi corazón.

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ACERCA DE MARCELA

Tras una experiencia de más de 30 años como empresaria, Marcela Reyes es hoy una poderosa coach, mentora y conferencista de renombre internacional cuya pasión es ayudar a las mujeres hispanas a tener éxito en los Estados Unidos. Marcela es la fundadora y directora ejecutiva de HispanaRealizada.com, la comunidad virtual dedicada a inspirar, empoderar e incentivar a las inmigrantes hispanas a entrar en acción para que realicen sus sueños a través de desarrollo personal, profesional y empresarial. Clic aquí para conocer más sobre Marcela.

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